20 mar 2012

A la primera persona que me ayude a salir de este infierno en el que yo misma decidí vivir, le regalo cualquier tarde para los dos. A la primera persona que me ayude a sentir otra vez, pienso entregarle mí vida, pienso entregarle mí fé.
¿Qué voy a hacer con aquellos besos?
¿Qué puedo hacer con todo aquello que soñamos?
Dime, ¿dónde lo metemos?
¿Dónde guardo la mirada que me diste alguna vez?
¿Dónde guardo las promesas?
¿Dónde guardo el ayer?
¿Dónde guardo niño tu manera de tocarme?
¿Dónde guardo mí fé?
Aunque lo diga la gente yo no lo quiero escuchar, no hay más miedo que el que se siente cuando ya no sientes nada. Tú lo ves tan fácil amor, pero es que cuanto más sencillo tú lo ves, más difícil se me hace. A la primera persona que me ayude a caminar, pienso entregarle mí tiempo, pienso enseñarle hasta el mar. Yo no digo que sea fácil pero niño, ahora mismo ya no tengo ni siquiera donde estar. A la primera persona que no me quiera juzgar pienso entregarle caricias que yo tenía guardadas.
Yo no pido que las cosas me salgan siempre bien, pero es que ya estoy harta de perderte.