16 feb 2013

No quiero quejarme de oreja en oreja fijarme si quien me aventaja se aleja  Negar el reflejo que dejo en mi espejo, ni alojar el rencor entre ceja y ceja. No quiero guardar tantas secretos, ni estar enfrentado en un cuadro grotesco como los Montesco y los Capuleto, no quiero a tu edad quedar obsoleto. Ni perder el vigor y decir sin rigor que todo tiempo pasado siempre fue mejor, ni llegar a mi casa ofuscado y molesto, no quiero estar cansado de llevarme puesto. Y aunque esta verdad pueda doler, tengo que decirlo, sin complacer. Pero si ofendo, pido perdón, cuando sea grande no quiero ser como vos. No quiero cometer tus mismos errores, ni creer que todos son estafadores. No quiero manejar tus mismos valores, ni que cada día sea igual a los anteriores. No quiero no poder controlar mis enojos, ni cargar esa tristeza en los ojos, mojados y rojos, ajados y flojos. No quiero resignarme a ser mis despojos. Ni echar con vehemencia la culpa a los demás de lo que es mi incumbencia y responsabilidad, ni que me de por probar en alguna idiotez lo que no pude hacer cuando tuve 23. Y aunque esta verdad pueda doler, tengo que decirlo, sin complacer. Pero si ofendo, pido perdón, cuando sea grande no quiero ser como vos. No quiero que ya nada me provoque placer, ni que cuando el dolor me toque odie al ayer, ni mirar fotos viejas y ponerme a llorar, o que nombren a alguien y empezar a temblar. No quiero llevar esa vida mal trecha con sospechas de dolo y la ilusión deshecha, ni lanzar pestes creyéndome Apolo, o que me moleste en una fecha estar solo. Y aunque esto se preste a malinterpretar, no quiero que crean que es sólo por criticar, y espero que tan sólo sea una declaración, porque ni yo sé si quiero que quieras ser como yo.