A la primera persona que me ayude a salir de este infierno en el que yo misma decidí vivir, le regalo cualquier tarde para los dos. A la primera persona que me ayude a sentir otra vez, pienso entregarle mi vida, pienso entregarle mi fe. ¿Qué voy a hacer con aquellos besos, que puedo hacer con todo aquello que soñamos, dime donde lo metemos? ¿Dónde guardo la mirada que me diste alguna vez, dónde guardo las promesas, dónde guardo el ayer, dónde guardo tu manera de tocarme? Aunque lo diga la gente yo no lo quiero escuchar, no hay más miedo que el que se siente cuando ya no sientes nada.