Mido un metro cincuenta y siete, tengo un sillón azul, en mi cuarto hay un baúl, y me gusta el almendrado. Me despierto alunado, mi madre es medio terca, aunque nunca estuve preso anduve cerca Pelo castaño y no colecciono nada. Guardo la ropa ordenada, me aburro en noche buena, si estornudo no hago ruido y no hablo con la boca llena. Puedo decir que soy de pocos amigos, pero de enemigos no sé cuántos cosecho. Nací a las 6 de la mañana, me llevo bien con mi hermana y uso prendas talle M, juego con fuego aunque el fuego me queme. Pero no soy tan complicada como para huir y quedarme aquí en silencio, pero no soy tan simple como para no advertir que no hay tres minutos ni hay cien palabras que me puedan definir.
Duermo boca abajo y con pijama si hace frío, de la vida yo me río porque es corta y grata. No uso saco ni corbata ni me gusta el protocolo, estoy en buena compañía pero sé cuidarme sola. Si tengo vergüenza me sube el color rojo, aunque ya no me mojo si me ataca algún miedo. No profeso ningún credo. Alcohólica no soy, pero a veces me emborracho.
Si no hay planes improviso, y aunque a veces lucho no me complico mucho, no me estanco. El que quiera celeste que mezcle azul y blanco.
La filantropía no está entre mis aficiones, tengo varias adicciones y me hago cargo. No acepto sin embargo intentan adoctrinarme, yo quiero elegir con qué veneno envenenarme.
No tuve legado ni familia de linaje y a veces el pasado me cobra peaje. Tengo perro y una marca en la rodilla. No traiciono mis principios porque eso es lo primero, si naciste incendiario no te mueras bombero