Abrigué cada penuria que me confiabas, y en mis entrañas te ganaste un buen lugar. Conocí cada rincón de aquella alma que se distingue por su eterna inmensidad. Sin quererlo y de rebote nos encontramos incendiándonos y dando luz a aquel placer. El amor fue tan bien hecho que infinitas son las gracias. Reflexiono y ésta vez me maldigo por jactarme cada tanto de ser algo desdichado, debería reconocer que yo he sido aquella tarde en ese patio, una muchacha afortunada por robarte una sonrisa con la prisa de un diablo, intratable.. por hacerte parte mío y en un descuido desnudar, a éste ángel