Las sonrisas se convirtieron en mi mejor defensa para evitar esa pregunta transcendental que derribaría de golpe el muro de estabilidad fingida que pretendía aparentar... pero no pude evitarlo. Sólo pude quedarme en silencio.
Mirándote, pero en silencio. Quería besarte, quería besarte como lo hice muchas veces antes.
Quería contemplar tus ojos y encontrar en ellos algo de lo que una vez tuvimos.
“No puedo” - dije con dificultad.
Y tus ojos se transformaron
Fue el principio del fin.