Hay cosas que no se te van de la cabeza por más que el tiempo siga su curso. Cosas que siguen sonando de memoria, con el mismo tono de voz con el que fueron pronunciadas.
Momentos en que la memoria te juega en contra.
Te encontras un domingo a la tarde, tirada en el sillón, con esa voz en la cabeza que dice "No llores más"... Sí, también fue un domingo. Pero domingo por la mañana, feliz y en un banco de plaza.